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El Real Madrid pica piedra para derrotar a un granítico Alavés

En cuatro días, al Real Madrid le tocó pasar de la pompa europea del Bernabéu y del pedigrí del PSG a una mina de hierro llamada Mendizorroza en la que cualquier misión requiere de pico, pala y monos de trabajo. El desafío lo resolvió el equipo de Zidane sin brillo pero con eficacia, extrayendo el máximo rendimiento a su reducida producción ofensiva para sumar los tres puntos en uno de los campos más complicados de la Liga, estadísticas en mano

Recayó inevitablemente el protagonismo en Sergio Ramos, héroe y villano blanco en apenas 12 minutos, los que transcurrieron desde su gol hasta el penalti que cometió sobre Joselu, un pasaporte que el Alavés aprovechó para empatar momentáneamente el duelo. Carvajal fue quien colocó el broche definitivo a un encuentro del que el Madrid sólo recordará los tres puntos, porque nada de lo demás merece mayor espacio en su memoria.

Había en el once titular del Real Madrid ocho futbolistas que jugaron hace ya cinco temporadas la final de Lisboa. Junto a ellos estaba Isco, primer suplente aquel día, y dos noveles, Militao y Areola, al que Zidane decidió premiar este sábado en Mendizorroza en detrimento de Courtois. Fue una alineación de 29 años de media, mientras en el banquillo aguardaba turno toda la chavalería. Al margen del portero francés, ninguno de los suplentes de Zidane superaba los 24 años.

Era el viejo Madrid el que salía a Mendizorroza a vengar la afrenta del pasado curso, a su vez el Madrid de las oportunidades, pues la ausencia de Hazard por lesión permitió la cohabitación de Isco y Bale, dos estrellas del ayer necesitadas de alumbrar un mañana. El malagueño tuvo presencia y juego entre líneas, por mucho que ni se aproximara a su mejor versión. El galés, en cambio, volvió a mostrarse taciturno, anclado a la banda derecha como si el resto del campo no existiera, aceptando la intrascendencia como forma de ver pasar el tiempo.

Cierto es que el planteamiento del partido no fue precisamente el idóneo para sus características. Los equipos de Asier Garitano no engañan, son estructuras rocosas en defensa y dinámicas al contragolpe. Este Alavés no se opone a que sea el rival el que maneje la pelota, siempre que lo haga lejos de su portería. Y a eso se dedicó el Madrid durante toda la primera mitad, a encadenar una sucesión infinita de pases que no acababan en ningún lado. Sólo Casemiro, en un chut lejano, puso en verdaderos aprietos a Pacheco antes del descanso.

La buena noticia para el Madrid era que el Alavés tampoco ponía a prueba a Areola. Apenas lo intentó en un puñado de ocasiones, especialmente con balones a la espalda de un Marcelo al que parecía darle alergia el césped de la mitad de campo en la que defendía el conjunto blanco. Así logró, por ejemplo, llegar Aleix Vidal hasta el área de Areola a los siete minutos. Levantó la mano y pidió penalti, pero el árbitro le mostró amarilla por simulación. Seguramente no era ni una cosa ni la otra.

El caso es que el encuentro fue pestoso y carente de gracia hasta que Sergio Ramos marcó el primer tanto a los siete minutos de arrancar la segunda mitad. Fue un cabezazo imperial del capitán, aprovechando una falta lateral de exquisita ejecución por parte de Kroos, al que simuló limpiarle la bota justo delante de la grada en la que se encontraban los aficionados del Madrid desplazados a Vitoria.

El Madrid había hecho lo más difícil, pero se quedó ahí. En los siguientes minutos, permitió que el Alavés reaccionara y se le subiera a las barbas, gracias en parte a la entrada de Burke, que le aportó mucho dinamismo y verticalidad albiazul. Lo que iba a castigar al Madrid, no obstante, iba a ser un penalti de su capitán. Ramos, héroe 10 minutos antes, le soltó el brazo a Joselu cuando no tenía necesidad de hacerlo y permitió que Lucas Pérez empatara desde los once metros.

Para culminar los 20 únicos minutos de pasión que tuvo el partido, el Madrid marcó el que sería el último gol del duelo, el que le dio la victoria. Centró Modric desde la derecha, Isco cabeceó, Pacheco la paró con el cuerpo como pudo pero no pudo evitar que Carvajal empujara el balón hacia el fondo de su portería.

Desde entonces, minuto 70, hasta el final, la iniciativa fue para el Alavés, que firmó un ejercicio de impotencia. Sólo en una sucesión de córners en los minutos finales creyó ser capaz de lograr el empate. Quien más cerca lo tuvo fue Manu García, pero lo que el año pasado fue gol en esta ocasión fue una parada de Areola.

elmundo.es

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