“No me gusta que me manden”, Cristhian Noboa

“No me gusta que me manden”, Cristhian Noboa

Cuando tu padre es militar de alto rango, cuestiones como la disciplina o el respeto a las normas vienen dadas de serie y ni se discuten. Y pese a todo, Don Fernando Noboa, actual Coronel General de la Marina de Ecuador, no logró ver cumplido su anhelo: que sus tres hijos hicieran carrera en el ejército. Roberto, el mediano, fue el que estuvo más cerca, pero ha terminado en el mundo de la empresa. El pequeño y el mayor directamente le dieron un disgusto.

“En un principio lo del fútbol no le gustó”. Cristhian Noboa, el primogénito, sonríe al recordarlo. “No lo veía bien. Él quería que estudiara, que fuera marino… pero sí que al final me dijo ‘si te gusta, te voy a apoyar al máximo’”. Y si algo tenía claro el jugador internacional de la Tri y el Rostov ruso es que lo suyo no era la milicia. “Nunca me ha gustado que me manden”, confiesa entre risas a FIFA.com. Quizás por eso terminó como mediocampista. Así, en lugar de recibir órdenes, es él quien ‘organiza a la tropa’ sobre la cancha. David, el benjamín de los Noboa, ha seguido los pasos de su hermano.

Y sí, Don Fernando tenía planes, pero estos chocaron con una idea de su mujer, Sonia Tello. “El fútbol me gustó mucho desde pequeño. Tengo una familia con muchos primos e íbamos a la casa de ellos a jugar. Entonces un día, cuando tenía 8 años, mi madre, mi tía y una amiga de mi madre decidieron meternos en una escuela de fútbol”. Cristhian acababa de encontrar su vocación.

A partir de ese momento, toda esa disciplina y amor por el trabajo que había vivido en casa las aplicó a su pasión. “Sabía que si me dedicaba al fútbol tenía que olvidarme de muchas cosas: de las fiestas, de trasnochar, tomar, fumar… De los 14 a los 19 años la pasé solamente entrenando, tratando de comer bien, descansando… Realmente perdí la juventud pero, por supuesto, valió la pena el esfuerzo”. Y sonríe de nuevo.

El mediocampista recuerda una infancia marcada por la vida nómada. “Cada año o cada dos años cambiábamos de casa, de escuela y hasta de amigos por la profesión de mi padre”. Por eso no se lo pensó mucho cuando en 2007, jugando en el Emelec, recibió una oferta del fútbol ruso. Simplemente hizo las maletas y se plantó en Kazan. Los inicios no fueron fáciles. “Al principio sí me pregunté ‘¿pero qué hago yo aquí, con este frío y en la otra parte del mundo?’”.

La vida en Rusia
Problemas de comunicación, choque cultural, un clima completamente distinto… Tocó apretar los dientes y mirar hacia delante. “Me ayudó todo lo que me inculcaron: el sacrificio, la disciplina, el ser mentalmente fuerte…” Pero los resultados hablan por sí solos: en unos meses se cumplirán diez años de su llegada. Casado con una rusa, Olya, y padre de dos hijos, “ecuatorianos-rusos”, hoy Cristhian está perfectamente integrado. Aunque hay cosas que no se pierden: “Siempre me ha gustado más el calor que el frío. Me gusta muchísimo jugar en calor”. Se ríe.

Por eso y porque adora jugar con su selección, Cristhian está deseando dejar por unos días el paisaje nevado de Rostov y cambiarlo por la primavera sudamericana. El centrocampista de 30 años, que se ha erigido como uno de los líderes de Ecuador en las eliminatorias a la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™, sabe que esta doble fecha de noviembre es crucial para los intereses de la Tri, actualmente tercera en una clasificación igualadísima. “Está bien peleado todo, y lo va a estar hasta el final”, asume.

Y tiene claro que para estar en ‘su’ Mundial ruso, todo pasa por Quito. “Dependemos de nuestros juegos como local. Así clasificamos al Mundial de Brasil, siendo muy contundentes ahí”. Por eso, tras un arranque espectacular, la inquietud se cernió sobre el equipo al acumular dos tropiezos en casa. “Perdimos puntos ante Paraguay y Brasil que no perdimos en eliminatorias anteriores, pero en las últimas fechas recuperamos la confianza y sacamos 4 puntos de 6 ante Chile y Bolivia”.

Ahora les esperan Uruguay, que no ha cedido siquiera un empate en Montevideo, y una Venezuela casi desahuciada que les visitará buscando un milagro. Cristhian echa cuentas. El 15 de noviembre espera un triunfo ante la Vinotinto. Y unos días antes… “Tenemos varios lesionados y sancionados, y eso pesa. Trataremos de jugar de igual a igual y pelear, pero sacar un punto de Uruguay sería importante”, concede.

El guayaquileño sabe que la afición, como él, tiene muchas ganas de clasificar a su segundo Mundial consecutivo. “¡Tenemos que estar como sea!”. Y por eso espera seguir contando con su aliento –“Cada vez que jugamos de local se siente a la gente y hay que pedir que sigan así”–. Y eso incluye a toda su familia. También a Don Fernando. Porque, puede que no viese cumplido su sueño, pero hoy es un padre orgulloso que apoya más que nadie a su hijo. Un hombre de palabra.

FIFA.com

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