¡Gracias Chiriboga!

Escribir este artículo me tiene sin cuidado, algunos dirán que soy un alineado a Chiriboga; pero en realidad eso me preocupa muy poco, para muchos ese apellido va acompañado de alguna mala palabra y otros tantos creen que es lo peor que nos ha pasado… sin duda alguna, creo en todo lo contrario.

Mi análisis no está basado desde el odio personal o en intereses mezquinos por ocupar su cargo, más bien es el recuento de una persona agradecida ya que en su administración pude ver a mi país en un mundial de fútbol… por suerte este artículo no llega en un momento de gloria; no lo escribo el 7 de noviembre del 2001, ni el día siguiente a la clasificación a octavos de final en Alemania; mediáticamente lo escribo en el momento más caótico de su gestión y, si estamos a las puertas del fin de la era Chiriboga en la FEF, pues no me queda más que agradecerle por su HISTÓRICA administración.

Aún recuerdo la primera campaña de Chiriboga para ganar la presidencia de la FEF, estaba en una etapa en la que el fútbol ya goleaba a la comiquitas en cuanto a mis gustos por la TV y la primera vez que lo vi en pantalla le pregunté a mi papá “quién es este man?”, a lo que automáticamente me dijo “otro que pasará sin pena ni gloria por la Federación”… 16 años después, la tajante respuesta de mi viejo es una rotunda equivocación.

Con Chiriboga a la cabeza no sólo conseguimos nuestra primera participación en una Copa del Mundo (para el pesar de muchos fueron tres), sino que se cambió el paradigma en nuestro fútbol y a la selección se le empezó a exigir torneos; algo totalmente descabellado antes de su administración.

A raíz de la era Chiriboga, el futbolista ecuatoriano se revalorizó tanto en lo personal como en lo económico, dejaron de ser simples pateadores de pelota para convertirse en héroes nacionales.

Atrás quedaron las decepciones y la vergüenza… en estos últimos 16 años ver a nuestra tricolor es motivo de orgullo, creemos que podemos ganarle a cualquiera y hasta nos sentimos potencia futbolística (eso es tema de otro análisis)… hemos sido víctimas de una metamorfosis en donde pateamos 70 años de derrotismo y, contamos desde lo social, con generaciones ganadoras y optimistas a todo nivel.

Si me quedo solo con el resultado deportivo sería muy injusto; ya que como Federación y como fútbol ecuatoriano se ha crecido mucho.

La FEF dejó de ser un organismo minúsculo para convertirse en un gigante con infraestructura y planificación propia. Pasó por ejemplo, de alquilar oficinas y salones a tener su edificio.

En estos años de gestión dejamos de exportar cerebros para formarlos acá, en la Escuela Nacional de Técnicos, algo impensado en otros tiempos.

Otro dato no menor es que las selecciones nacionales cuentan con su propio campo de entrenamiento y concentración, lo cual no sólo jerarquiza nuestro fútbol, sino que le brinda sentido de pertenencia.

El espectro deportivo se amplió y la estructura de los campeonatos nacionales van desde la Sub14 hasta el torneo de primera, incluyendo al fútbol femenino; lo cual se ha traducido en logros: 2 mundiales Sub 20, un mundial Sub 17, un mundial femenino y el ÚNICO TÍTULO OFICIAL en la historia de las selecciones nacionales.

Esto es sin duda un cúmulo de acciones que demuestran que lo conseguido no fue un accidente; porque o si no los que pasaron también lo hubieran logrado.

Bajo el pesar de muchos en el fútbol ecuatoriano se marca un antes y un después de Chiriboga, un tipo que dejó la vara muy alta para los que vendrán.